En el silencio de la noche puedo
encontrarte. Haces que mi frío se vuelva templanza y que mis miedos se
conviertan en simples fantasmas que como humo de cigarro se dispersa con solo
tocarlo. Aclaras mis dudas e interrumpes todo tormento. Pensar que existes, que
puedes llegar algún día a convertirte en carne y hueso me hace creer, pensar
que todo esto que ahora me está pasando sea por ti. Hace tiempo creí morir.
Creí que no había más salida que cerrar los ojos y dejarme caer a un pozo sin
retorno. Sentí tu presencia, pude oler tu perfume y hasta notar el tacto de tu
piel. Comprendí que aún me quedaba mucho por vivir. Mi cuerpo se compone en
gran parte de sentimientos y eso es lo que una vez me hizo casi padecer pero al
mismo tiempo me ha ayudado a renacer, volver a juntar esas cenizas que quedaron
dispersas en el suelo y que con una simple brisa, la tuya, puede convertir en
lo que ahora soy, un pequeño huracán que allá por donde pasa intenta dejar
huella, la mejor posible, repartir a cada persona lo que merece. Tengo la gran
suerte de estar rodeada de la mejor energía positiva que pueda tener una
persona. Amigos, familia, conocidos. Allá por donde voy sólo encuentro gente
que merece la pena conocer. Por ello soy feliz, por ello me siento bien e
intento transmitir todo lo que he aprendido en la vida, siendo poco para lo que
aún está por venir. No escondo maldad ni ganas de ser más que nadie. Mis
palabras son sencillas al igual que mi entendimiento. El único beneficio que
quiero es el mutuo, compartir mis emociones pues tal vez así me hagas entender
o tal vez te ayuden a comprender por qué estamos en este mundo. No sé qué me
deparará el futuro, no sé si mi camino lo haré a partir de ahora rodeada de
buena gente pero de la mano sola. No sé si llegará a cruzarse en mi camino esa
persona real que disfrute de mis virtudes y me haga ver mis defectos, aquellos
que tengo y que quisiera corregir para sentirme bien. No me haré esas preguntas
pues he decidido emprender mi camino sin mirar más allá tan sólo paso a paso,
poco a poco. Las prisas no sirven de nada y lo que tenga que venir vendrá sí o
sí. De momento he puesto luz al asfalto. Así podré ir con más tiento y aunque
no pueda evitar tropezar con la piedra, por lo menos, verla venir e intentar
que la caída sea lo menos dura posible y el levantar me haga más fuerte. Miedos
tenemos todos, dudas, pero qué son sino simples monstruos de la infancia que
ahí se quedaron, guardados en un armario que ahora ha cambiado de dueño. No
olvides tus penas, tus malos momentos, guárdalos como tesoros de lo que un día
ocurrió y lo que deseas que no vuelva a pasar, aunque te vuelva a ocurrir. Las
cosas pasan por algo y hasta que no descifremos el misterio no terminará. Mi
camino aún no ha empezado pero ahí estoy, esperando. Sé que no sería bueno
convertirte en carne y hueso, pero más malo sería el pensar que jamás te
convertirás. De momento te guardo en mi mente, y cada noche saldremos a pasear
bajo las estrellas en cielo despejado y mar en calma. Sentiré mi cabeza
reposando sobre tu pecho mientras acaricias mi cabello. Sentiré tu latido como
el tic tac de un reloj de pared. Ese tiempo que quiero que cese mientras me
susurras al oído lo bueno que fue encontrarme. Sé que puedo dar mucho y recibir
tanto…, pero deja que empiece mi camino. Ahora no es el momento, ahora no puedo
darte más que suspiros, miradas, caricias en tu rostro y decirte que algún día todo
lo que guardo en mí será para ti…
No te necesito para vivir, pero qué vida más insulsa el no despertar cada mañana con tus buenos días aún en la lejanía. No te necesito a mi lado, pero qué hermoso es notar tus dedos rozando mi estremecida piel, esa que huele a ti, cada noche, antes de ir a dormir. No te necesito por las noches, pero qué sería de mis sueños si antes no los has robado con tus besos dulces y ardientes, tus caricias que recorren todo mi cuerpo buscando mi placer aún sin tocarme, y terminar mis mejillas ruborizadas, esas que llevan tu nombre. No te necesito, no… Pero la vida no sería igual sin tu latido, ese que siento que cada día se sincroniza con el mío. No me necesitas, no, pero qué hermoso es sentir que existe alguien que desea escuchar atenta todo aquello que por tu cabeza asoma, da igual de dónde venga, sin juzgarte, e intentado comprender todo eso que pasa por tu mente, sin más que querer que te sientas bien. No me necesitas, pero sé que te hago bie...
Las cosas pasan por algo...
ResponderEliminar