Silencio… Apreciado tesoro para
mentes atormentadas. Silencio para poder ordenar las ideas que nos agolpan a
cada momento en la mente, intoxicando cada órgano de nuestro cuerpo. Silencio
para poder escuchar lo que nuestra conciencia nos quiere transmitir, silencio
para podernos dejar llevar por nuestros pensamientos más impuros, aquellos que
ahogamos para no sentirnos culpables; culpables por sentir algo tan extraño que
jamás habíamos vivido. Una emoción, un cosquilleo de alguien al que no le
corresponde estar ahí, en tu mente, en ese momento, en ese instante. Azotes
desgarradores provocando lágrimas. Queremos sentirnos libres, nos ahogamos en
nuestros llantos deseando desatarnos de estas ataduras que nos impide movernos
más allá de un mañana. Ataduras, nudos hechos con sumo cuidado y tan
delicadamente que apenas nos hemos dado cuenta. Mi corazón ha ido dejando de
latir. La toxina le ha ido impregnando toda la corteza… Ha llegado hasta el
último latido. Esas mismas ataduras no han podido con nuestras mentes. El nudo
se ha desatado. Imposible estrangular un pensamiento… Nuestros sueños le dan
alimento a ese último latido… Sueña, siente, piensa, ríe, llora, grita, habla,
canta…. Que nada ni nadie deje que tu corazón deje de latir…
Dulce dicen que soy. Que veo la vida de color de rosa y que nada me afecta pues las ilusas siempre calzan nubes en lugar de tacones, lloran agua con azúcar y visten con algodones. Algunos temen acercarse a mi para no dañar el frágil corazón que dicen que poseo, de otros evitan darme malas noticias no vaya a ser que no lo supere y los más ignorantes se ríen de mi. Todos opinan sobre lo que pienso o qué me va a lastimar o no. Yo les dejo hacer, que hablen, que se rían, que se alejen. ¿Qué hacer cuando nadie te entiende? Dejar que hablen. En mi rostro se ha dibujado sonrisas cuando por dentro derramaba lágrimas, esas mismas que más de una vez han desfilado por mis mejillas sin que nadie las viera porque me ocultaba, cuando podía, en mi refugio el cual no encontraba cada día. Mi mente ha jugado con mi vida y siempre he sabido ganarle la partida. Siempre existe un mañana y el sol siempre sale, nublado o no. ¿Si lloro delante de ti seré más fuerte? Tal vez si gritara delante de todos y di...
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