Ir al contenido principal

¿Lo escuchas?..





¿No lo notas?..¿ No?..,¿ en serio? Jajajaja…, déjalo… Son cosas mías. Me dan estos puntazos de vez en cuando. Deberías de saberlo ya pues son varios meses los que estás ahí, día tras día acompañándome en el camino, sí, el camino, nuestro camino hasta que la vida nos separe. ¿Has pensado lo caprichoso que es el destino? Llámalo así, pues es cierto que a veces comete muchas travesuras, como el juntar nuestros pasos durante, espero, un largo recorrido. Quién iba a decirme que tú y yo íbamos a encontrarnos algún día, procedentes de mundos distintos, ciudades lejanas, con inquietudes diferentes.  Hasta ahora iba arrastrando los pies, el paseo se hacía eterno. Ahora lo recorro dando pequeños saltitos, juguetona, risueña, soñadora… El sol me acompaña, no sé cuando se hará de noche, pero tampoco me importa… ¿Sabes por qué?, porque cuando la luna haga acto de presencia las estrellas saldrán a darle la bienvenida. Pequeñas hadas luminosas. Algunas corren, otras prefieren observar. Y en la noche es cuando, sin cerrar los ojos, con sólo escuchar música puedo soñar. Ese ratito en el que tú y yo nos tomamos un respiro. Risas, risa, y más risas… ¿Aún no las escuchas?..., jajajaja… Capaz eres de no escucharnos reír… Suena tan bonito… ¿Loca?..., ¡ahí cómo eres! Llámame LuLú… ¿Sí…?.., soy yo…

Comentarios

  1. :) qué bonito, Lú. Enhorabuena por tu recién estrenado blog. Muy bien, sí, sí, sí.

    ResponderEliminar
  2. Bueno, directo, al corazón.. Como sólo Tú sabes hacerlo. Voy de presente a pasado y noto con angustia que pronto se me acabarán las noches de lectura. Necesitamos que sigas escribiendo.
    U beso de Buenas Noches guapísima
    Fer

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

No te necesito...

    No te necesito para vivir, pero qué vida más insulsa el no despertar cada mañana con tus buenos días aún en la lejanía. No te necesito a mi lado, pero qué hermoso es notar tus dedos rozando mi estremecida piel, esa que huele a ti, cada noche, antes de ir a dormir. No te necesito por las noches, pero qué sería de mis sueños si antes no los has robado con tus besos dulces y ardientes, tus caricias que recorren todo mi cuerpo buscando mi placer aún sin tocarme, y terminar mis mejillas ruborizadas, esas que llevan tu nombre. No te necesito, no… Pero la vida no sería igual sin tu latido, ese que siento que cada día se sincroniza con el mío. No me necesitas, no, pero qué hermoso es sentir que existe alguien que desea escuchar atenta todo aquello que por tu cabeza asoma, da igual de dónde venga, sin juzgarte, e intentado comprender todo eso que pasa por tu mente, sin más que querer que te sientas bien. No me necesitas, pero sé que te hago bie...

Corre...

Necesito hacer un alto en mi camino, otra vez. Mi cabeza da vueltas como una lavadora centrifugando. Hace calor. Miro a mi alrededor y sólo veo prado…, ahora sólo es prado. No huelo las amapolas ni veo las nubes de algodón ni siento el trigo verde balanceándose con la brisa. No oigo gente que se aproxima. Estoy completamente sola. Por una parte bien, así nada ni nadie interrumpe mi mente. Debo recordar qué hago aquí, y preguntarme si lo estoy haciendo bien. Llevo varias noches en vela, donde el sueño no me alcanza, ni los que se inventan con los ojos abiertos. Mi cajita de ilusiones se ha vaciado y no sé con qué rellenarlo. Y pensar que hará unas semanas no podía ni cerrarla… Siento como si hubiera llegado a este día sin vivir varias semanas. Siento ganas de llorar y aunque no sé bien el por qué, sólo sé lo que las puede calmar, pero no tengo el valor suficiente para hacerle frente. Tengo miedo… Miedo a caer otra vez y no poder levantarme. Siempre lo tendré en mi mente, aunque yo m...

Esbozar una sonrisa...

Las olas chocaban contra las rocas al mismo ritmo que el tic tac de su corazón. Era la primera vez que despertaba, abría la ventana y se encontraba con tan hermoso paisaje. El olor a mar le recargaba de energía y pensaba que ya no le hacía falta nada más. La playa estaba desierta, aún era temprano. Echó un vistazo al interior de la habitación y ahí estaba él, aún dormido enrollado entre sábanas de algodón blancas. Aquella espalda desnuda la tentaba. Deseaba acostarse a su lado y recorrer su dedo por aquella suave piel masculina, dibujar en ella todo lo bueno que le hacía sentir. Él se haría el remolón para que ella no cesara, no querría que parara. Ella inquieta llevaría su mano hasta lo más próximo a su axila para hacerle cosquillas. Entonces él se giraría y la atraparía entre sus brazos, se besarían y se dejarían llevar otra vez por un dulce despertar. Pero no, se quedó inmóvil otra vez mirando hacia el mar. Necesitaba ese rato para ella, para empaparse bien de esa libertad que s...