Erase una vez.... Los cuentos de hadas no existen... Y eso lo sabe hasta un crío de 6 años. Pero no por ello debemos sentirnos culpables por dejarnos llevar por las fantasías de historias o películas animadas que solemos ver. Más de una vez me he reñido a mí misma por sentir ciertas cosas en mi interior, ilusiones, sensaciones que sin querer brotan desde lo más profundo de mi ser. Esta película fue la típica que vas a ver al cine con tu hija. Princesas y Príncipes es lo que ella ahora tiene en mente. A su edad empieza a vislumbrarse trazos de madurez mezclados con infancia para dejar entrar a la adolescencia, la etapa más crucial de nuestra vida, a mi entender. Por ello no quiero robarle los sueños que ahora mismo pueda llevar en su mente, no quiero ser la bruja malvada que le rompa el corazón. Como un fin de semana más me puse a ver la película rodeada de pequeñas mujercitas con esa vocecita de mujeres "sabelotodo" Sólo puedo decir..., que me encantó... Las canciones, la historia, las ilustraciones, los personajes... Salí flotando como una más de ellas... Me sentí bien. La escena que más me impactó, la que como una cobarde tuve que ocultar las lágrimas fue esta... Mi hija seguro que no vio más allá que a una princesa que hacía una travesura desobedeciendo a su "madre"; mis ojos y mi estómago sintieron algo distinto... Cuando Rapunzel se asomó a la ventana, mirando hacia el suelo, me vi a mí misma. Mirando hacia atrás, pensando en si dejar el hogar que hasta el día de hoy había conocido o no, decidió saltar... La caída era placentera, se olía a libertad... Su cabello volaba al viento, su rostro notaba ese aire fresco... El olor a lo natural empezaba a entrar por mi nariz hasta que frenó en seco. Por un momento pensé que volvería a trepar, asustada por lo que le iba a acontecer, pero mi interior me decía "sigue Rapunzzel..., continúa"... hasta que poco a poco llegó al suelo... Hasta yo sentí mis pies desnudos tocando la hierba fresca... Mis pies también notaron el chapoteo del agua y cuando se dirigía corriendo hacia la última salida..., mi estómago latía y mis lágrimas estuvieron a punto de salir... Me pude contener, no era plan... La risa del final..., como de una cría se tratara donde no sabía por dónde empezar... Así me siento yo, como una cría adolescente con mucho trabajo por delante y no saber por dónde empezar... Hay días que me siento mal pues parezco una adolescente de hormonas alteradas... Ya tengo una edad..., pero esta libertad interior que tengo ahora no la he vivido nunca... Siento que he perdido gran parte de mi vida y la quiero recuperar... No lo haré de golpe, no es mi intención... Quiero ir saboreando poco a poco todo aquello que no he podido o he sabido disfrutar hasta el día de hoy... Me siento bien..., me siento viva...
Toqué fondo y lo reconocí. No es agradable decirles a las personas que te rodean y te ven sufrir que estás mal. A veces nuestro orgullo es estúpido. Pedir ayuda, un simple “no estoy bien” puede salvarnos de la caída en picado hacia el abismo. Nunca es tarde para reconocer que no podemos llevar las riendas de nuestra vida y que necesitamos que alguien tome el mando por un tiempo corto hasta que las aguas vuelvan a su cauce y la confianza a nosotros mismos. Fue duro, pero valió la pena. Siempre pienso que a toda persona le tiene que llegar un momento de estos a lo largo de su vida para darse cuenta de que vamos demasiado deprisa para lo largo que es el camino. La vida se basa en dar pequeños pasos, día a día, momento a momento. Disfrutar de los detalles cotidianos que nos hace sumar y sumar. Una sonrisa, un guiño, el ver que nos intentan hacer sonreír, nuestros hijos, verlos crecer, una canción, un libro, una serie de televisión. Siempre hay algo que nos c...
Sentimientos muy bien expresados, la verdad es que la lectura de tu blog me hace reflexionar y mucho, con partes en las que me siento incluso identificado. Me temo que eso es algo común en buena parte de los mortales; más de lo que podamos imaginar.
ResponderEliminarEn fin, que empecé por el final pero no he podido evitar pasarme por el principio. Te felicito por tus decisiones, tu coraje y tu energía... seguro que eres la inspiración y la fuerza motivadora para más de una persona, de esas que te leemos en silencio.
Si me lo permites, te envío un "besote", simple, sin más... adelante con tus sueños y ojalá se te cumplan...